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4 octubre 2017

Cada minuto cuenta: Paloma Ausente

26 de septiembre | 19 horas

Atardece en Santiago y la compañía Colectivo La Patogallina afina los últimos detalles para su Paloma Ausente, el espectáculo callejero y popular que estrenaron el 23 de septiembre en Curicó, para seguir en Santiago el 26 de septiembre, Punta Arenas el 6 de octubre y Chiloé el 1 de noviembre en la ciudad de Castro.


    


No son más de 20 personas las que están instaladas en la explanada del Museo de la Memoria y los derechos Humanos para ver el ensayo general de Paloma Ausente. La posibilidad de ver este espectáculo se transformó en un privilegio después que todas las entradas gratuitas que se ofrecieron se agotaran en solo horas para la única función en Santiago que, por ahora, tiene planificada la compañía.

Martin Erazo, director de la agrupación, se pasea, va detrás del escenario, saluda a algunos amigos y entrega las últimas indicaciones. Mientras tanto, la banda que acompaña el montaje le da ritmo a los minutos previos a la función. El sol empieza a bajar y el cielo anaranjado le da calma a la tarde. El día empieza a desaparecer.



Detrás del escenario, los actores se agrupan, conversan, se maquillan. Aunque la compañía no tiene un rito formal antes de cada función, los integrantes se conocen. Algunos prefieren el silencio, otros se estiran y un grupo arma un improvisado círculo en el suelo para terminar de retocarse el maquillaje.

La mayoría de los integrantes de La Patogallina, que en total suma 16 personas entre actores, músicos y técnicos, viste de café. Un vestuario neutro que les permite ir cambiado de personajes durante todo el espectáculo. Junto con actuar, además, los artistas son también tramoyas, son ellos los que organizan todos los elementos que incluye el montaje.

Detrás del escenario, guitarras, marionetas, escenografía, sombreros, pelucas, banderas y más vestuario, develan el gran despliegue que ofrece este espectáculo callejero que aborda a la Violeta trabajadora, apasionada, rockera y viajera.



Son las siete de la tarde y el director de la compañía reúne al elenco detrás de escena para las últimas indicaciones. Luego recorren el escenario y definen algunas posiciones que deben mantener durante el montaje. Afuera, al otro lado de la reja que separa al Museo del exterior, decenas de personas se empiezan agrupar. Una enorme guitarra al medio de la explanada del lugar promete un espectáculo.

“Partimos en unos minutos”, dice el director que es seguido por un equipo audiovisual que registra todos sus movimientos y los de la compañía. Un actor instala al medio del escenario un balde, lo siguen otros artistas que depositan celulares dentro del recipiente. Segundos más tarde prenden el balde como símbolo de que es hora de apagar los celulares y preparase para el montaje. Violeta vive.


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