Samantha Manzur: “Cuerpo pretérito muestra una visión política con respecto al archivo”

Samantha Manzur: “Cuerpo pretérito muestra una visión política con respecto al archivo”

La directora habla sobre su más reciente proyecto, Cuerpo pretérito, una experiencia museal teatral que reúne elementos donados, encontrados y perdidos del montaje original de La Negra Ester. La obra debutó con gran éxito el 5 de mayo en el Centro GAM y vuelve este 12 de septiembre a la cartelera en el mismo lugar.

Por Rocío Valdez C.

La sala N1 del Centro GAM se va llenando de piezas relacionadas con La Negra Ester (1988), una de las obras más emblemáticas del teatro chileno, la punta de lanza del Gran Circo Teatro, la genialidad en décimas de Roberto Parra, el enorme legado que dejó Andrés Pérez Araya antes de que el sida lo venciera en 2002. Son 43 piezas entre archivos fílmicos, fotográficos, partes del vestuario, gestos -partituras de movimiento- rescatados de los filmes que existen sobre las puestas en escena del montaje, y, al cierre, una nueva obra de teatro a modo de secuela.

La propuesta es de Samantha Manzur, actriz y recientemente directora, junto a un equipo de artistas integrado por Bosco Cayo, Armin Felmer, Valentina Mandic, Verónica Medel, el diseño sonoro de Nicolás Aguirre, el diseño integral de John Álvarez y la asesoría artística de Rodrigo Bazaes. El proyecto nació para ser postulado a la primera versión del Programa de Dirección Escénica de Fundación Teatro a Mil y Goethe Institut Chile. “Tenía esta idea hace mucho tiempo, trabajar con la performatividad del archivo en escena. Es algo que desarrollé en mi máster sobre Performance Practice as Research en la Royal Central School of Speech and Drama (Reino Unido)”, cuenta Manzur.

¿Por qué trabajar con La Negra Ester en concreto?

Quería trabajar con una obra así, o con una que hubiera sido un completo fracaso. Además, había una relación sintomática con respecto a la potencia de esa obra en ese tiempo, una bisagra entre el fin de la dictadura y el principio de la democracia.

¿Cómo fue el proceso de investigación para levantar este archivo?

Fue un trabajo largo. Nos encontramos con que podíamos entrevistar a algunos, mientras a otros no les interesa dar entrevistas o compartir objetos y archivos. Encontramos gente que nos colaboró, como el diseñador Daniel Palma, gracias a quien pudimos reconstruir vestuarios y partes de la escenografía. Pero también encontramos mucha restricción en el sentido legal del archivo.

¿Cómo superan ese obstáculo en el proceso?

Las personas tienen derecho a guardar su historia del modo que quieran, pero también creo que los artistas tenemos todo el derecho a querer indagar y mirar, especialmente cuando se trata de una obra que pertenece a nuestro patrimonio cultural. Finalmente trabajamos con una mezcla de lo que encontramos, lo que nos donaron y lo que estaba perdido.

¿Cuánto de eso está presente en la obra misma?

Cuerpo pretérito muestra una visión política con respecto al archivo. Yo planteo que, cuanto más pueda ser compartido el archivo teatral, mas cercanía se puede generar en la relación del ser con la historia, con su historia, con lo que le precede. Cuando una generación nueva está mirando, todo lo que fue vuelve a existir. Si eso no pasa, se produce un embalsamamiento de la historia, un romanticismo. En la obra, como no podemos acceder a todo, lo que ponemos al servicio del archivo son sólo restos. La música y el texto están protegidos por ley, pero sí podemos hacer citas y presentar plantas de movimiento, porque el movimiento en Chile aún no está protegido. Después de esa exposición de restos, presentan una nueva obra. Los actores muestran las piezas, las ubican en el espacio, y a partir de estas ruinas emerge una obra nueva: Sandra Barraza. Esta obra, con dramaturgia de Bosco Cayo, responde a la pregunta de quién es La Negra Ester hoy. Utilizamos testimonios reales y los llevamos al verso libre. De la obra original rescatan algunos personajes y las temáticas del trabajo sexual, el amor y el sida.

En primer lugar, quisimos hacer una re-actualización de la mirada que se tiene sobre el trabajo sexual. En la obra original hay una visión romántica del tema, aunque en los 90 ya era un espacio de violencia como lo es hoy. Según los testimonios que recabamos, el amor va mucho más allá de si la prostituta se enamoraba o no del cliente, así que nos centramos en la relación madre-hijo, porque estas mujeres ejercen la prostitución muchas veces para mantener a sus hijos. Para hablar del sida rescatamos el personaje de Esperanza, la prostituta travesti que interpretaba Willy Semler. A fines de los 80 no se profundizaba en el personaje, era chistoso y la gente lo quería. Hoy, nos permite hablar de la falta de políticas públicas. Andrés Pérez murió por el sida en condiciones deplorables, y la enfermedad sigue en alza porque no hay campañas para frenarlo. El personaje de Esperanza contiene mucho de la obra y también de lo que hemos reflexionado y lo que queremos reflejar sobre nuestro acercamiento a esa generación de artistas.

¿De qué manera en Programa de Dirección Escénica aportó al proceso?

Después de que presenté el proyecto al PDE, nos pusimos a ensayar e investigar, fue un proceso muy colectivo que empezó hace un año. Recopilamos la información, hicimos entrevistas, escribí la audioguía del museo y Bosco escribió la secuela. Después me fui a Alemania por el PDE, donde pude conversar sobre el proyecto y buscar referencias. Ésta es la segunda vez que me enfrento a la dirección, y siempre había escuchado que los directores chilenos se sentían muy solos. Es verdad. Necesitas pares con los cuales hablar de los proyectos, compartir tus miedos, aprehensiones y fantasías, conocer las maneras en que otros llevan sus procesos. Trabajar dentro de un grupo humano con el mismo objetivo permite que las ideas de todos se potencien.

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