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El Teatro Huemul no se extingue y vuelve con nueva administración


El Teatro Huemul no se extingue y vuelve con nueva administración

Más de 100 años utilizándose como velatorio, bar, capilla, sala de conciertos y obras, el Teatro Huemul ha debido reinventarse continuamente. Ahora, a seis meses de su último cierre, dos jóvenes gestoras culturales toman la administración del recinto y se preparan para darle una personalidad jurídica que le permita finalmente funcionar sin problemas. Conoce su historia a continuación.

Por Catalina González Salazar

La población Huemul, levantada por el arquitecto Ricardo Larraín Bravo fue uno de los barrios emblemas del Santiago del nuevo milenio. Estructurado en torno a una plaza central donde se erigieron la Caja de Ahorros, dos escuelas, la Biblioteca Municipal y el Teatro Huemul, todo en medio de un caserío colonial que ha sido calificado como Zona de Conservación Histórica por el Consejo de Monumentos Nacionales.

Así, el teatro ubicado en Bío Bío 1377 comenzó a construirse en 1914, siendo inaugurado finalmente en octubre de 1918 por el presidente Juan Luis Sanfuentes. El edificio de bloques de cemento, reforzado en su interior con pilares de acero traídos de Europa, techumbre de madera, tres niveles y 194 metros cuadrados, llamado el “Municipal chico” por su estilo victoriano y decorado, se convirtió en el espacio cívico del barrio acogiendo espectáculos teatrales, musicales, exhibiciones y más, con historias como que Carlos Gardel cantó en su escenario en los años 20, aunque no hay ningún registro que lo acredite.

Tras pertenecer hasta 1938 a la Caja de Crédito Hipotecario y traspasarse luego al Arzobispado de Santiago –sus actuales dueños- el actor Luis Marchant lo arrendó durante 8 años a la parroquia Santa Lucrecia (quienes tienen una entrega en comodato por el Arzobispado). La falta de financiamiento hizo que el proyecto no continuara y hoy el Párroco ha decidido darle la posibilidad a Damariz Gallardo (28) y Diana Rojas (25), dos gestoras culturales que proponen reactivarlo con una marcha blanca e iniciar un proceso participativo para otorgarle personalidad jurídica.

teatro huemul adm

“El objetivo de esta marcha es generar una corporación que va a ser presidida por el párroco de turno y compuesta por otros directores que visualizamos sean de los colegios, gente de la comunidad y del mundo de la cultura”, señala Damariz.

El Teatro ahora sólo cuenta con su estructura y 100 sillas que pone la parroquia. La mesa de sonido, de luces y calefacción con que solían contar se las llevaron los antiguos administradores ya que los fondos adjudicados estaban a nombre de su personalidad jurídica y eran sólo arrendatarios del lugar. “El teatro tiene 100 años de historia pero está en cero de nuevo”, lamenta Damariz.

Trabajando en comunidad

Para las actuales administradoras el trabajo colectivo es fundamental dentro de este proceso de marcha blanca, y la línea editorial también será definida en comunidad. De esta forma, serán tres ejes de trabajo: otorgarle la personalidad jurídica con la Corporación Cultural, el modelo de gestión participativo y reactivarlo desde ya. Por ello el sábado 9 de mayo levantarán un voluntariado en el sector. “Queremos reactivarlo con toda la comunidad y hacer una especie de retribución con una obra de teatro”, precisa Diana. Será “una inauguración de la marcha blanca”.

Tras eso vendrá un encuentro de folclor durante mayo en conjunto con una exposición de los muralistas Agotok. “Ese es el primer evento cultural comercial pero no es una reinauguración del teatro”, precisa Damariz.

Otra actividad involucra un concierto familiar con el grupo Santa Feria y en junio la feria de arte y diseño Junta y Pega. Además, ya están en conversaciones con Música del Sur, sello de artistas como Chinoy y Javier Barría, para realizar algo en conjunto, todo para darle vitrina al teatro y juntar más fondos para los arreglos que necesitan en la inmediatez.

La reinauguración vendrá apenas termine la marcha blanca alrededor de agosto “con nuestro producto estrella que es este modelo de gestión. Ahí diremos la línea editorial y que fue construida de manera participativa”.

¿100 años más?

Una de las principales debilidades del teatro ha sido su dificultad de sostenerse financieramente. Por ello, “la intención de planificar este plan participativo es que todos tengan la capacidad de reactivar el teatro”, apunta Damariz.

Ni Diana ni Damariz se cierran a la idea de involucrar a privados. Además, Damariz comenta que están en conversaciones con la Municipalidad de Santiago, “participar del presupuesto de cultura del municipio sería ideal. Tampoco somos de la idea que la cultura tiene que ser subvencionada siempre, y tampoco que lo paguen los vecinos, hay que encontrar la forma. Apenas tengamos la Corporación, el paso a seguir será la Ley de Donaciones Culturales”.

Un trabajo que busca también que la ciudadanía se haga cargo de este patrimonio y ver qué significado se le da en los próximos 100 años.

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