Nikos Karathanos: "(En la comedia) podemos comenzar a vivir de nuevo"

El actor y director griego, uno de los principales referentes del teatro helénico contemporáneo, presentará en Santiago a Mil 2020 The Birds, su última obra, una adaptación de la comedia escrita por Aristófanes hace 2.500 años, pero que suena escalofriantemente actual: la búsqueda de una tierra donde los derechos humanos no sean un privilegio, sino una garantía inalienable. Karathanos eligió este texto porque, dice, Aristófanes es el niño maravilla de las artes griegas, aunque aún muy poco explorado: "Una suerte de Billy Wilder, Gabriel García Márquez, Tarkovski y Alejandro Jodorowsky, todo en uno". Y porque la comedia, al contrario de la tragedia, es la oportunidad de escribir e imaginar la historia como quisiéramos vivirla.

Por Magdalena Andrade Núñez

A casi 13.000 kilómetros de Santiago de Chile, en Atenas, a las 12:36 de la noche —hora de Grecia— del lunes 21 de octubre de 2019, Nikos Karathanos —ateniense, actor de cine y teatro, uno de los directores más importantes de ese país, responsable de llevar a escena clásicos como El jardín de los cerezos, de Chéjov; Julio César, de Shakespeare, o el Decamerón, de Boccaccio— toma su celular y escribe en un mensaje de Whatsapp:

—Tienen todo mi apoyo. ¡Nuestros corazones y pensamientos están con ustedes! Orgullo por el maravilloso pueblo chileno—. Acto seguido, envía un video en el que muestra un cartel donde se lee: #NoEstamosEnGuerra.

Han pasado tres días desde el 18-O, la jornada en que comenzó el estallido social en Chile, y la noticia ha llegado a Grecia, a los oídos de este hombre de 52 años que desembarcará en el país, con un equipo de 35 personas, entre el 17 y el 20 de enero con The Birds (Los pájaros), su última obra de teatro, en Santiago a Mil 2020.

El tema le toca de cerca, y no solo porque su país también ha sabido de importantes transformaciones sociales en los últimos años. The Birds, la comedia escrita por Aristófanes en el año 414 a.C., demuestra que hace unos cuantos siglos las demandas eran muy parecidas a las de hoy. En la obra, dos ciudadanos atenienses, Pistetero (interpretado en el montaje por el mismo Karathanos) y Evélpides, deciden abandonar su ciudad, cansados de que la democracia no sea lo que ellos esperan: un lugar donde el respeto de los derechos humanos, la fraternidad y la vida digna sean una realidad. Caminando por el bosque, se encuentran con un hombre-pájaro al que le proponen la siguiente idea: convocar a todas las aves del mundo para formar Nubecuculia, una nueva nación en el cielo, justo entre los humanos y los dioses, que definitivamente sea el “mundo mejor” al que aspiran. Una utopía que, a la larga, es el mismo motor que ha movido desde siempre a todas las grandes causas.

“Lo que me conmueve de The Birds es su anhelo por otra vida. Aristófanes no es solo uno, sino varios escritores juntos. Él encapsula todos nuestros sueños. Sus palabras revelan un universo entero. En la obra celebramos el deseo de volar, nuestro intento de elevarnos a nosotros mismos”, explica Nikos Karathanos, quien estrenó su versión de esta obra por primera vez en 2016, en el clásico Teatro del Epidauro de Grecia, y luego tuvo varias exitosas presentaciones en Estados Unidos. “(Karathanos y su compañía) han convertido un texto de casi 2.500 años en un alegre carnaval de los sentidos; uno que se siente, en su esencia, inclusivo, radical y gloriosamente vivo”, dijo del montaje la revista Vulture.

Nicholas Mastoras

Tenemos la definición de Aristóteles para la tragedia, pero no para la comedia: es como el secreto de El nombre de la rosa, de Umberto Eco. Creo que, después de todo, la comedia se encuentra con su dios, Dionisio, este creador anárquico, este niño borracho que incluye a todo y a todos con un propósito: renacer.

Nikos Karathanos
Director de The Birds

—Has dicho que The Birds se siente una obra muy contingente. ¿Crees, personalmente, que la utopía y el deseo de tener un mundo mejor con más amor, derechos humanos y amabilidad son ideas que podrían movilizar a las generaciones futuras? Porque las actuales parecen solo querer cuidarse a sí mismas.

—¡Qué pregunta! No puedo responder por toda la humanidad. ¡Imagina si pudiera! Lo único que entiendo es que vivimos juntos para aliviar nuestro dolor y encontrar consuelo en los ojos del otro. Nuestro objetivo es terminar con el dolor, y el de nuestros cuerpos y almas, encontrar la felicidad —dice el creador ateniense. Y hace otra reflexión: quizá ese es el gran fin con el que nació la comedia. Al contrario de la tragedia, donde se sabe que todo va a salir mal, la comedia —género que también se originó en Grecia durante los festivales dionisíacos, celebraciones que se congregaban luego de la siega de los cereales— es la oportunidad de escribir e imaginar la historia como quisiéramos vivirla.

“Tenemos la definición de Aristóteles para la tragedia, pero no para la comedia: es como el secreto de El nombre de la rosa, de Umberto Eco. Creo que, después de todo, la comedia se encuentra con su dios, Dionisio, este creador anárquico, este niño borracho que incluye a todo y a todos con un propósito: renacer. Entonces, no importa cuán traumatizados y doloridos hemos estado. (En la comedia) podemos comenzar a vivir de nuevo. Dios nos da la oportunidad de reiniciar todo”.

—¿Y por qué decidiste salir al mundo con una comedia, género que a nivel popular es menos conocido que las clásicas tragedias griegas?

—He hecho Medea y Edipo; he participado en Los Persas, de Esquilo, y Las Bacantes, de Eurípides, y fue increíble. Sin embargo, Arístofanes es el niño maravilla de todo el mundo, e inexplorado incluso por nosotros, los griegos. Una suerte de Billy Wilder, Gabriel García Márquez, Tarkovski y Alejandro Jodorowsky, todo en uno.

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Un artista sucio y magullado

“Crecí en un país con una larga y bella historia, pero he elegido el arte como mi lugar sin fronteras. Lo que amo de Aristófanes, Esquilo, Homero, es que se ven griegos, pero son espíritus globales, poetas que hablaban sobre nuestras almas de una manera curativa”, dice Nikos Karathanos cuando habla del sentimiento de hacer teatro en uno de los epicentros de las grandes creaciones en este género en el mundo.

The Birds, de hecho, se presenta en griego, con una puesta en escena que recrea una gran fiesta en una especie de paraíso amazónico, e incluye a seis bailarines brasileños del grupo Passinho Carioca, una iniciativa que reúne a jóvenes de las favelas de Río de Janeiro, a quienes Karathanos conoció en un viaje de investigación que realizó en 2018 por Argentina y Brasil. “Mi primer impulso para (la puesta en escena de) The Birds fue Chavela Vargas cantando Las simples cosas. La imaginé sola en medio del Amazonas. Pero luego encontré a estos jóvenes y fue natural para mí acercarme a ellos”, cuenta Karathanos, quien de todas maneras hace un guiño a la cantante mexicana en el montaje.

Su relectura de The Birds, también, hace un guiño a la inclusión con un poderoso gesto. En la obra —y esto no es un spoiler, porque aparece en la sinopsis del montaje— el dios Zeus es interpretado por un actor con prótesis en ambas piernas. “Quería hablar a la manera de un griego antiguo”, explica Karathanos. "Decir: sí, Dios es como nosotros: incompleto, humano’. También quería mostrar lo contrario: que todos somos Dios, incluso si estamos incompletos".

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Lo que amo de Aristófanes, Esquilo, Homero, es que se ven griegos, pero son espíritus globales, poetas que hablaban sobre nuestras almas de una manera curativa.

—¿Tiene algún significado especial para ustedes presentarse en el actual Chile?

—Cuando les hice la propuesta a los actores estaban emocionados. Hay una afinidad inexplicable con ustedes. Yo, que estuve en Santiago en 2018, les expliqué que no era una ciudad ni exótica ni diferente, sino un poco como Grecia. Y ellos respondieron, ¡está bien, pero es Chile! Los griegos somos amantes de la historia moderna, y de la lucha que ustedes han librado por la libertad y los derechos humanos. Es como si fueran nuestros primos en las antípodas —dice el realizador, un hombre que, confiesa, vive por y para las artes.

—Cuando éramos niños, todas las tardes corríamos por los campos, jugábamos a la pelota. Estaba oscuro y no queríamos volver a casa, entonces nuestras madres salían a buscarnos y gritaban nuestros nombres desde las terrazas. Mientras el sol se ponía, sus voces reverberaban en la calle como un rezo musulmán. Nosotros, sucios y magullados, no queríamos entrar. Esa imagen me ha acompañado toda la vida, y por eso, veo mi arte como una especie de vagancia. ¿Cómo va a haber una obra y yo no voy a poder ser parte de ella para ensuciarme y magullarme un poco?

Revisa el trailer de The Birds, que estará en Santiago a Mil 2020