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4 octubre 2017

100 años de Violeta: así fue su relación con las artes escénicas

Es tal su envergadura y legado, que el país lleva un año entero celebrando el centenario de su nacimiento. Violeta Parra, su obra y sus luchas han estado más presentes que nunca a través de diversos homenajes. Este texto es una invitación a mirarla desde lo escénico, tanto a través de su trabajo de recopilación y difusión del folclore, como de la que es su obra más icónica: El Gavilán.

Por Gabriela González Fajardo.

El Ballet Folklórico Nacional (Bafona) y su montaje Canto para una semilla

Corría el año 66 y un joven Hiranio Chávez, integrante del grupo folclórico de Héctor Pavez, llegaba a la carpa de Violeta Parra en La Reina para ser parte de las presentaciones artísticas que ahí se realizaban. Recuerda que actuó para un 18 de septiembre lluvioso, que tuvo que caminar mucho para llegar al lugar y que había un ambiente muy familiar. “Había que abrir, atender mesas, hacer la comida, además de cantar y bailar”, rememora sonriente.

“Violeta siempre cantaba y hablaba con la gente. Yo sabía la gran artista que era y por eso siempre mantuve una distancia respetuosa con ella. Tuve la posibilidad de conocer a todos esos artistas maravillosos”, detalla el coreógrafo y actual director del Departamento de Teatro de la Universidad de Chile.

Antes del encuentro personal, Chávez ya era un conocedor y admirador de la obra de Violeta Parra. La había escuchado cuando recién comenzaba su camino artístico. “Escucharla generó en mí un interés muy grande por su obra, sobre todo en relación a lo distinto y genuino de su canto. También escuchaba sus programas de radio”, cuenta.

Casi treinta años después, sería el mismo Hiranio Chávez el encargado de llevar a escena su inconclusa obra El Gavilán con el Ballet Folclórico Nacional (Bafona) por petición del Ministerio de Educación, donde se encontraba la entonces División de Cultura. La obra se presentó en la Estación Mapocho en 1992.

“Más que tomar la historia que ella plantea en la obra, tomé su vida. Yo veía que El Gavilán era el resultado de su vida y por eso quise reflejar su propia memoria emotiva en la parte coreográfica que desarrollé”, explica.

La invitación recibida implicaba incorporar en la creación tanto al elenco de danza como al de música, solicitud a la que el coreógrafo se negó desde el comienzo. “En la entrevista que da Violeta Parra a la Radio de la Universidad de Concepción entrega detalles de cómo pensaba que la obra debía ejecutarse y explícitamente dice que ella tiene que cantar, secundada por coros,  para que el sufrimiento sea lo más real posible. Entonces, tenía que ser su voz la que se escuchara en el ballet”, decidió entonces Chávez.

“Fue un proceso complejo y gratificante. Lo que yo propuse era algo distinto a lo que los bailarines del Bafona hacían, pero se logró el objetivo de que la gente se fuera conmovida. Recuerdo que invité a distintas personas a ver los ensayos y dos de ellas terminaron emocionadas hasta las lágrimas. Fueron Margot Loyola y Yolanda Montecinos. Vamos bien, pensé entonces”.

La obra tuvo una pequeña temporada e incluso itineró. Pese a que se trataba de una creación emblemática de Violeta Parra y se presentaba en un contexto de reciente retorno a la democracia, es difícil acceder a materiales e información de la misma. De hecho, figura como una obra menor del Bafona. Hiranio Chávez plantea una explicación al respecto. “La persona que estuvo a cargo del ballet después no estuvo de acuerdo con mi visión y fue cercenando la obra, dejando las partes visualmente más atractivas. Yo siempre he sido crítico de los lenguajes empleados por los ballets folclóricos”, explica. El coreógrafo no tiene registros de la obra.

Violeta escénica

Al ser consultado por el vínculo de Violeta Parra con las artes escénicas, el profesor Chávez aclara de inmediato que “no solamente se remite a las artes escénicas, la obra de Violeta es transversal a todos los lenguajes artísticos. Indagaba en el mundo de plástica, de la música, de la danza, en la recolección de la cultura y las costumbres, está en la radio, en el  cine, en la política. Es una mujer tremendamente múltiple”, manifiesta.

Coincide el también coreógrafo y académico del Departamento de Danza de la Universidad de Chile, Carlos Delgado, pero para quien lo escénico es constitutivo del quehacer creativo de la artista. “Ella mostraba su trabajo en un espacio escénico, ya sea en un sindicato, en un teatro, en la radio con público”, explica añadiendo además que reconoce en ella “una manera de poner en ese espacio escénico su repertorio”.

“Ella hacía los vestuarios para ella y sus hijos, y hacía aproximaciones al vestuario que podría ser chileno, pero desde su creatividad y genialidad”, añade el profesor Delgado. “Tiene que ver con una manera de establecer un vínculo con la sociedad y de dar a conocer una realidad. Esa conciencia de comunicar a otro aspectos de nuestra cultura hace que busque elementos que simbolizan nuestra identidad, como por ejemplo su traje propio (parchwork) que usa en un festival europeo. Tiene que ver con una capacidad infinita de crear”, aporta Hiranio Chávez.

En 1957 fue contratada por la Universidad de Concepción para realizar recopilaciones de música y costumbres de la zona, material que le permitió desarrollar una serie de iniciativas de difusión, como la implementación del Museo de Arte Folclórico Chileno en salas de la universidad, y participar de las Escuelas de Temporada junto a otros destacados artistas, según consigna Bernardo Subercaseux en Violeta Parra. Después de vivir un siglo, publicación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes editado este año.

“Ella entregó esa información a las personas que participaban de las Escuelas de Temporada en la Universidad de Concepción y en la Universidad de Chile, donde estuvo un año a cargo de una investigación junto a Gastón Soublette. Recopiló danzas como chapecao, pequén, resbalosa, sirilla. Y esa transmisión la hizo oralmente, tal como ella lo aprendió”, señala el coreógrafo Hiranio Chávez.  Pero además utilizó la radio como otra plataforma para transmitir el conocimiento adquirido. “Era una suerte de oralidad virtual. Violeta Parra era tan adelantada a su tiempo que estaba contando historias, estimulando el imaginario de aquellos que la escuchaban pero en relación al folclore y costumbres chilenas”.

Próximos homenajes

El 4 de octubre de 2016 se iniciaron oficialmente las actividades de conmemoración del centenario de la artista. El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), a través del Bafona, inauguró los festejos con la obra Canto para una semilla, de Luis Advis inspirada en décimas de Violeta Parra, con coreografía de Carlos Delgado.

“La obra de Violeta es tan inspiradora y vigente. Fue un trabajo muy interesante del Bafona que significó adentrarse de otra manera a las obras, ya no de representar lo folclórico sino poner su disposición técnica y todos sus valores interpretativos, tanto musicales como dancísticos, al servicio de una idea, de una persona, de un momento”, detalla respecto al montaje que continúa presentándose por distintos lugares del país.

“A los integrantes del elenco les llamaba la atención como las problemáticas que ella denunciaba están tan vigentes hoy. Por eso también es siempre punto de partida para otras creaciones, porque su obra está muy ligada al presente. Esa universalidad la hace factible de ser tomada como punto de partida para nuevos proyectos”, concluye.

Hiranio Chávez y el Bafona estuvieron en conversaciones hasta hace poco para remontar El Gavilán, pero por asuntos presupuestarios la iniciativa no pudo concretarse. “Está considerado para el próximo año”, cuenta.

 Pero de manera particular, Hiranio Chávez también prepara un homenaje para la artista con el Ballet Experimental de la Universidad de Santiago, a estrenarse a fines de este año. Adelanta que no trabajará con la música del Violeta Parra, sino que se trata de “música de autores jóvenes para ella. ¡Si el repertorio de Violeta ya lo conocemos!”, concluye.

Foto principal: Violeta Parra, 1967. Revista-Ecran
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