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31 agosto 2017

Tras cinco años fuera de la cartelera chilena, La Re-sentida vuelve con nueva temporada de obra que cuestiona el oficio teatral

Luego de girar por Europa y Latinoamérica desde 2011, la segunda y aclamada obra de la agrupación nacional, Tratando de hacer una obra que cambie el mundo, se presentará hasta el 10 de septiembre en Matucana100.

 Por Karina Mondaca Cea

Hace un par de semanas, la compañía La Re-sentida volvió a reunirse por primera vez desde el mes de febrero, luego de finalizar presentaciones en Bélgica con La dictadura de lo cool. La agrupación nacional comenzó a preparar una nueva temporada de Tratando de hacer una obra que cambie el mundo (El delirio final de los últimos románticos), su segundo trabajo,  el cual se presentará entre el 31 de agosto y el 10 de septiembre en Matucana100.

Pero en primera instancia, la junta no resultó de la mejor forma para algunos de sus integrantes. “Nos pusimos a ver el video y no me acordaba de nada. Escuchaba y pensaba que si alguien me preguntara, no podría decir ningún texto”, confiesa entre risas Benjamín Westfall, uno de los fundadores de la compañía. No fue hasta el ensayo que las cosas volverían a su lugar: “Estaban los textos para poder leer, y hasta ahí el cerebro no se acuerda de nada, pero el cuerpo sí y así empieza a salir solo. Hemos hecho tantas veces la obra, que cuando te mueves para un lado, el texto sale. Es casi automático, porque esta obra la ensayamos más de un año antes de estrenarla”, explica el actor.

Benjamín Westfall en Tratando de hacer una obra…

El montaje, creado en 2010, desde entonces se ha presentado en Argentina, Brasil, Ecuador, Italia, Estonia, Bélgica, Francia, Perú y Alemania; pero en Chile no se muestra desde 2012, cuando formó parte de la Gira Teatro a Mil que los llevó a seis regiones del país. A cinco años de esas funciones, Benjamín reconoce que es un agrado volver a hacer la obra en territorio nacional: “Cualquiera de nuestras obras en realidad, pero a mí me gusta mucho ésta, y mucha gente me ha dicho que esta es la obra favorita de la compañía. Es como nuestra joyita, porque es la que nos ha dado más trabajo, la que hemos hecho más veces, con más funciones, en comparación a las otras”.

¿Las razones? La historia de Tratando… es más universal y menos local que otros de sus trabajos, ya que muestra a un grupo de actores, que guiados por su idealismo, llevan cuatro años encerrados en un sótano sin tener contacto con la realidad. Allí  intentan crear una obra teatral capaz de modificar las estructuras sociales; situación utópica que comienza a desmoronarse cuando llegan noticias de un nuevo gobierno que ha asumido el poder erradicando la pobreza e injusticias sociales del país.

“Era lo que nosotros éramos en esa época. Es un retrato de nosotros como compañía, porque teníamos este fanatismo de hacer algo importante y revolucionario. Teníamos mucha energía, ensayábamos todo el día, todos los días, como en la obra”, recuerda el actor, quien también reconoce que esta obra “es más simpática que las otras obras. Las otras caen más mal, o son muy fuertes, o tienen un lenguaje que podría ser censurado; en cambio esta es más aceptable en ese sentido”.

¿Es más políticamente correcta que sus trabajos más recientes?

Sí, pero no pierde el espíritu crítico que tienen todas las obras de la compañía. Es una obra más existencialista, de controversia filosófica, más que confrontacional. Es menos incómoda y más para todo tipo de público. Se entiende y disfruta en todos lados, porque abarca muchos referentes del teatro, de las artes, y porque está nuestro cuestionamiento de por qué hacemos teatro, si sirve para algo o para alguien más que nosotros mismos. Eso lo puede entender cualquiera y otras de nuestras obras son más locales, tienen que ver más con Chile y son más difíciles de digerir para otros públicos extranjeros.

Como dices, la obra hace un ejercicio de revisión del teatro, su rol en la sociedad y también el de ustedes como artistas. A siete años de su creación, y luego de haber recorrido cerca de 50 ciudades en América, Europa y Asia, ¿cómo se enfrentan a esta obra en la actualidad?

No ha cambiado mucho en realidad. Pero el discurso que tiene la obra, yo creo que sigue igual. O incluso creo que se han profundizado, porque el punto de partida de esa obra fue “¿qué estamos haciendo?, ¿por qué lo hacemos?, ¿por qué somos tan intensos para hacer teatro?, ¿importa tanto?, ¿por qué damos la vida por esto?, ¿a quién le sirve?”. Después de hacer más teatro, hacer más obras, viajar e ir a festivales, se profundiza ese cuestionamiento. Al final, lo que uno hace es siempre para los mismos: la gente que tiene acceso al arte.

Ahora, es un espacio, el único quizás, donde no existe la censura, uno puede decir lo que quiere y la gente tiene que escuchar. Es un lugar de resistencia, una trinchera, lo ocupamos de esa manera y tratamos de hablar las cosas que no se hablan en otros medios porque están controlados. Ése sigue siendo un lugar para nosotros, pero con la misma contradicción, porque el arte es para la élite y nosotros hacemos teatro de sala, que en cualquier parte del mundo incluye a personas de la burguesía que tiene acceso al arte. Por eso no sabemos si realmente cambiamos algo o aportamos en la modificación de estructuras sociales, pero al final lo seguimos haciendo, porque hace bien. Yo necesito hacerlo, porque hay cosas que uno necesita sacarse de adentro, expresarlo, porque o si no, te morís. Yo elegí el teatro, otros lo harán a su manera.

(c) La Re-sentida

Quizás la obra no cambió el mundo, pero marcó un hito importante para la compañía, porque a partir de ahí se generaron muchas giras internacionales

Sí po, gracias a esa obra salimos de Latinoamérica. Ganamos el Festival de Teatro Joven de Las Condes, y ese premio nos llevó al Festival Iberoamericano de Cádiz, y de ahí saltamos a un festival de Polonia, con Simulacro. Así empezó una bola de nieve.

Gracias a esa obra, al sufrimiento que hicimos con esa obra lo logramos. Ensayamos mucho con esa obra y me acuerdo que estábamos muy frustrados, nos lesionamos, peleamos, se fue gente, pasaron muchas cosas. Incluso cuando estrenamos la obra, no estábamos satisfechos, y a nadie le gustaba lo que habíamos hecho. Después de estrenar, e incluso después de una temporada, hubo cambios, como la escenografía. Al principio teníamos una hecha por Pablo de la Fuente, gigante, que era súper realista, con muros de ladrillos; pero luego de hacer una temporada en el GAM, dijimos “esto hay que sacarlo todo”, y así dejamos los papeles. Cambió también el estilo de actuación, porque en la primera temporada éramos como unos arquetipos, monstruos, y después se fue humanizando de a poco. Así fue modificándose, porque cada vez que la hacíamos, íbamos encontrando más detalles y cada vez más sentido.

¿Cómo ha sido la preparación para esta nueva temporada?

Desde febrero que no nos veíamos, pero está bien hacer una pausa, porque veníamos con mucha pega, viéndonos mucho y con mucha intensidad también, así que estaba bueno tomarse un respiro y nos da la oportunidad de indagar en otras cosas. Por ejemplo, ahora todos los cabros tienen hijos. Así ves cómo crece la gente, porque hace diez años éramos un grupo de hueones que no teníamos ninguna responsabilidad, más que las ganas de hacer lo que estábamos haciendo. Ahora todos papás, cambian las prioridades, y todos entienden a todos. Seguramente eso va a tener un efecto en lo que se haga después. Todavía no hay planes de próximas obras, ni siquiera hay ideas.

¿Crees que el factor hijos influya en el proceso creativo de la compañía?

Sí, pero pucha, no sé. Igual han pasado otras cosas medias desagradables que afectan a la compañía, como la muerte de la Mary, que empezó a trabajar con nosotros en La dictadura de lo cool, pero que venía trabajando con el Marco desde antes, porque fue su alumna. Esa obra ahora sin ella no existe, porque hacía todo lo que no se ve. Era como la directora de escena, porque todos los objetos, todo lo técnico, que un cable tenía que ir por aquí o por allá, la asistencia de la cámara, o cuando un actor tiene que ir para atrás y encontrarse con su vestuario y ponérselo; ella se encargaba de todo eso, era como una máquina. Tras bambalinas funcionaba todo.

Tenemos una gira en noviembre con esa obra, y vamos sin la Mary. No sé, va a ser un gran desafío. No la vamos a reemplazar, sino que ahora lo haremos entre los que quedamos, pero va a ser difícil, porque no sabemos por dónde partir. Pero bueno, esto también se va a ver reflejado en lo que vayamos a hacer. De hecho del otro día estábamos ensayando Tratando…, y en una parte de la obra hay una persona enterrada y cada vez que se hablaba de eso, la Mary aparecía altiro.

Después de las funciones en Santiago se van a Trujillo y luego formarán parte del FIBA en Buenos Aires. ¿Cómo se sienten de llegar por primera vez a este festival y de retomar las presentaciones en Latinoamérica?

El FIBA por primera vez nos invita y súper bien. Antes habíamos estado en Argentina con Simulacro, también en Lima y Brasil con otras obras. Pero en general, en Latinoamérica hemos estado muy poco y espero que eso cambie. A mí me gustaría mostrar aquí, en el lugar de los hechos, porque se habla más de Chile y Latinoamérica, y en su idioma.

Para qué hablar de Chile, porque hay lugares a los que no hemos llegado. Con La dictadura de lo cool y La imaginación del futuro estamos con itinerancia pendiente, porque no hemos salido a regiones. Como íbamos bien con las giras internacionales, cuando volvíamos al país lo único que queríamos era descansar. Pero tenemos que hacerlo. Íbamos a postular a una itinerancia que da el Consejo, la Mary estaba gestionando eso, pero a mitad de camino lo abandonamos porque necesitábamos más personas trabajando en la producción de eso, porque son 9 regiones, 40 funciones.

Sería una buena forma de celebrar los 10 años de la compañía que se cumplen en 2018. ¿Cuál es la evaluación que haces del grupo? ¿Cuáles son los desafíos que tienen para más adelante?

Los desafíos ahora se presentarían cuando decidiéramos ensayar una nueva obra. Ahora tenemos giras y cosas muy manejables, como una gira de un mes en noviembre. Pero igual el otro día escuché al Marco decir que tenía un par de ideas, pero como tuvo una guagua hace poco, no creo que sea algo cercano jajaja. Igual varios están con el duelo de la Mary, porque marcó un antes y después en la compañía. Entonces todas esas cosas juntas, que no sé si son desafíos, pero están ahí y cuando tengamos la posibilidad de trabajar en algo nuevo, van a estar. Quizás si hacemos alguna obra nueva, se va a tratar de eso mismo: de los hijos, la familia, las preguntas de la vida y la muerte. Nuestras obras siempre han nacido de las cosas que estamos viviendo, entonces seguramente podría ir por ahí. Quizás no, no sé.

Pero en resumen, ha sido la raja. Hemos tenido mucha suerte, pero también somos súper trabajadores. Nos juntamos hace 10 años atrás para hacer la obra y nos sacamos la cresta, ensayábamos hasta las 4 de la mañana, gratis. Y como ninguno era de Santiago y nadie sentía la obligación de rendir honores a su escuela o a algún maestro, podíamos decir lo que quisiéramos. Así partió, nunca nos imaginamos que recorreríamos en mundo haciendo teatro. Además que todo sucedió muy rápido, porque hicimos la primera obra y nos fue bien altiro. Con Simulacro no teníamos idea que lo que estábamos haciendo era algo nuevo o rupturista. Eso fue como una explosión, y de ahí entendimos algo o una manera de hacer teatro que funcionaba y que nos gustaba mucho hacer, y que involucraba mucho desgaste en nosotros mismos. Pero todos somos medios masoquistas, nos gusta ir más allá de los límites del cuerpo.

Yo creo que fue un golpe de suerte el que nos hayamos reunido este grupo de personas con gustos parecidos. El Marco tuvo que ver mucho con eso, porque como buen director, el 80% de la pega es a quién llamas a trabajar. Él vio en cada uno de nosotros algo parecido y lo que él quería, que era llevarnos al exceso e indagar en eso, en los límites. Eso ha dado muchos frutos, como viajar, conoces otros países y poder vivir del teatro. Eso es un lujo, y no muchos pueden decir que lo han hecho, eso es un privilegio.

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