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5 junio 2017

Ópera: engranaje de ironías y cuestionamientos

Este texto fue creado en el Taller de Crítica a cargo de Javier Ibacache, el cual forma parte de las actividades de LAB Escénico de Teatro Hoy 2017. Por esto mismo, los comentarios que aparecen a continuación son de exclusiva responsabilidad de su autora, y no corresponden necesariamente a la opinión de Fundación Teatro a Mil.

Por María José Neira

En Ópera el público está invitado a moverse y despojarse de sus pertenencias para desplazarse alrededor del espectáculo. Ya lejos de la comodidad y distancia de la silla o butaca clásica, Ana Luz Ormazábal –su dramaturga y directora– nos llama y provoca a un espacio de encuentro, con un objetivo claro: mirarnos y quizás con algo de suerte, vernos como espectadores. Sin embargo, en este proceso uno lucha con la incomodidad del propio cuerpo, con los dolores musculares del día y con esa exposición de la que el público general huye, al escoger por el motivo que sea, ver y no hacer el teatro.

La compañía ANITMÉTODO nos ofrece un viaje musical lleno de cuestionamientos, dentro de su intento por hacernos leer, sentir y experimentar la historia: ¿Es esto posible realmente? ¿Cuán consciente estará el grupo de que nos espejan un Chile que aún –al menos en varios aspectos– es colonial? ¿Será este un proceso escénico que busca decolonizar el teatro?

El cuarto trabajo de ANTIMÉTODO aborda desde la ironía y el humor negro un problema histórico: nuestro origen y la relación con el pueblo mapuche. Y lo hacen emulando voces italianas, lo que nos expone frente a la perspectiva eurocéntrica de nuestro propio entorno: ¿Por qué mostrar nuestro devenir histórico desde un otro? ¿Es acaso una invitación más para mirarnos a nosotros mismos cuando nos preguntan si tenemos apellidos mapuches? Cuestión ante la cual todos nos quedamos mudos o negamos con la cabeza.

Sospecho de mis rasgos, de mi color y de mi origen, sin embargo, no lo puedo afirmar con fuerza ¿Es Neira un apellido realmente español? ¿Es posible que alguno lo sea? ¿Por qué si algo mío debiese ser araucano, no soy capaz de comprender mi propia lengua ancestral cuando la oigo?

La ópera, espacio de privilegio por definición, resuena representada por esos cuerpos sonoros que gritan el horror propio de la conquista y la colonia española, que no lo dicen, pero lo hacen sentir. Nosotros expectantes, recibimos la copa de champaña que nos ofrecen y brindamos groseramente por tanta masacre, mientras de fondo suenan los acordes de un himno de libertad.

Sin duda, asistir a Ópera constituye una experiencia que radicaliza aún más la operación desarrollada en Agnetha Kurtz Roca Method (ganadora del Festival de Nuevos Directores Emergentes 2015, organizado por el Magister en Dirección Teatral de la Universidad de Chile), obra en que la directora juega a presentar una conferencia académica para cuestionar el poder, la identidad y la comunidad. Esta vez, en Ópera, el trabajo funciona como un gran engranaje de ironías y cuestionamientos reflexivos en torno al rol de la historia, a la identidad nacional, con su consabido elitismo, pero por sobre todo pone en tensión al teatro como soporte escénico, para hacerse cargo de la realidad desde una falsa –pero consciente– ficción que incluye al que observa como una pieza evidente de la propuesta escénica.

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