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5 Mayo 2017

Cada minuto cuenta

Surinam

4 mayo | 19.15 horas

Tras 10 años de trayectoria, el dúo teatral de Los Contadores Auditores está listo para estrenar su último trabajo, Surinam, como parte del Ciclo Teatro Hoy. La obra es el primer dramedy de la agrupación y será presentada en un escenario mucho más grande que los que recibieron sus anteriores montajes, y por eso quisimos ver cómo se prepararon para el estreno.



Lo que se vive en el teatro principal del Centro Cultural Matucana 100 se podría dividir en dos mundos distintos. En la sala misma, los técnicos se mueven de un lado a otro revisando los últimos detalles de audio, de video, de luces. En la parte alta de la platea, y detrás de un computador, Los Contadores Auditores prueban las proyecciones que se utilizarán durante la función. “Siempre son un culo”, dice riendo Juan Andrés Rivera, dramaturgo de Surinam.

“¡Vamos a abrir las puertas diez para las ocho!”, interrumpe un trabajador del centro cultural, anunciando que afuera ya había gente esperando. El anuncio hace cambiar las caras de quienes aún solucionan algunos inconvenientes de última hora. “¡Abramos a las ocho y partimos a las 8:15!”, le dice una de las productoras del montaje. “Sólo por hoy, ¿por fa?”, suplica el dúo teatral.



En el escenario, algunos de los artistas trabajan con parte de la escenografía: la revisan, la corchetean y pegan ciertas partes que se niegan a quedar en su lugar. A un costado, una banda de instrumentos aguarda ser tocada por una particular agrupación de músicos integrada por Rocío y Octavio O’Shee, Loreto Ríos y Daniel Marabolí; que se reunió especialmente para la obra. Teclados, una batería eléctrica, una guitarra e incluso un palo de agua esperan musicalizar cada una de las escenas cuyos intérpretes brillarán –literalmente– a un costado de toda la acción.

Metros más allá, detrás del telón, otro panorama se asoma: dos percheros de ropa con decenas de vestuario, accesorios, pelucas, disfraces y maquetas se reparten a lo largo de las tablas que en menos de una hora se llenará de los pasos de los actores del montaje. Cada una de esas piezas fue diseñada y hecha por los mismos Contadores Auditores, como también por una costurera que hace tiempo trabaja con el dúo y conoce su estilo y sello particular.



“No quisimos comprar la ropa, y preferimos hacerla, porque habían muchos detalles difíciles de cumplir. Colores sólidos, materiales, o incluso el largo de algunos pantalones igual los íbamos a tener que arreglar”, explica Felipe Olivares, encargado del Diseño Integral de toda la obra.

Además del vestuario repartido por la parte posterior del escenario, está lo que cada uno de los actores ya tiene puesto cuando aún resta media hora para el estreno. Colores amarillos, celestes, morados, rojos y cafés se funden en el camarín donde los intérpretes se pasean de un lado para otro, pero donde hay más risas y tranquilidad que en la sala.



Uno de los más risueños es Jaime Leiva, el encargado de dar vida a Sócrates, el protagonista de la historia. ¿Cuál es su secreto? “Me vengo caminando. Siempre camino por lo menos media hora antes de cada función”, explica sonriente  mientras dos de sus compañeras se maquillan, y otro se peina una y otra vez con gel.  “Me ayuda a soltarme y llego más preparado. Lo que hago es venirme en metro y me bajo en alguna estación anterior, como Santa Ana, por ejemplo, y de ahí me vengo tranquilo hacia el teatro”.

Cada vez queda menos para que las puertas de la sala se abran, y el movimiento en cada uno de los rincones comienza a aumentar. Algunos prueban los instrumentos, otros prueban su entrada y salida del escenario mientras visten divertidos disfraces, y otros comprueban sus voces en el escenario. Aún quedan minutos para ensayar, pero pronto vendrán las últimas palabras de los directores. “Antes de la función siempre nos reunimos todos para conversar, dar algunas instrucciones y también las gracias”, confiesa Juan Andrés.


Fotos: Francisco Longa
Texto: Karina Mondaca Cea

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