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22 Septiembre 2016

Cada minuto cuenta

Programa Pequeñas Audiencias en Espacio Matta de La Granja

6 de agosto | 10.00 horas

Pararse sobre un escenario no es fácil; proyectar la voz, interpretar un personaje y dirigirse al público, tampoco lo es. Pero algo hay en el acontecimiento teatral que todo lo transforma para volver a la idea del origen: el teatro como un encuentro de presencias, como un hecho social. Algo así es lo que vivimos esta soleada mañana de agosto, donde el grupo de niños de La Granja que participan del Programa Pequeñas Audiencias de Fundación Teatro a Mil estrenaron en el Centro Cultural Espacio Matta su primer montaje, El traje nuevo de emperador (H. C. Andersen). ¿Cómo se prepararon? ¿cómo lo vivieron? En esta crónica te contamos.


Hace dos meses que los sábados adquirieron un tono especial para este grupo. Por un momento, los deportes matutinos, los juegos con los amigos del barrio o su programa de televisión favorito quedaron de lado. A cambio, decidieron subirse al escenario. Partieron siendo un grupo de 25 niños de entre 6 y 12 años que entre las 10.00 y las 13.00 horas de cada sábado fueron descubriendo todas las dimensiones del arte teatral. A través de encuentros con directores y compañías que participaron del ciclo Teatro Hoy, como Camila Le-Bert o la compañía Acción Residente; asistencia al Teatro Municipal de Santiago y la realización de distintos talleres didácticos, los niños fueron adquiriendo el conocimiento, la cercanía y seguridad necesaria para dar el siguiente paso: ser creadores de su propia obra.



Cada jornada la dedicaron a trabajar en un área específica de la puesta en escena. Tal como si fueran una pequeña compañía, escogieron y ensayaron el texto, decidieron el elenco, pensaron la escenografía, el vestuario y el maquillaje que debían usar, entre otros aspectos. Tras este intenso proceso, siempre apoyado por sus tutoras Francisca Traslaviña y Antonia Mendia, la fecha de estreno llegó. Nerviosos, pero expectantes y muy entusiasmados, empezaron a llegar muy temprano hasta el Centro Cultural Espacio Matta la mañana del 06 de agosto.


Habían decidido hacer una última pasada de la obra antes del estreno. Les queda tan sólo una hora y con el vestuario puesto subieron al escenario para tomar posiciones. Era la última oportunidad para hacer ajustes y afinar detalles. La mayoría optó por repasar el texto, mientras las tutoras dieron instrucciones y aprovecharon de probar las luces. De tantos nervios que tenían un par de niños apenas pudieron hablar.”¡Grita como en el recreo!”, proponía el resto del elenco en un gesto de apoyo. Una y otra vez ensayaron las escenas más difíciles. Concentrados y atentos escuchaban a Francisca y Antonia, pero no por ello dejaron de disfrutar. Reían como nunca, casi como si fuera el juego más entretenido de todos. “¡Quedan quince minutos!”, dijo alguien y todos salieron corriendo a los camarines.



No hubo tiempo para retocar el maquillaje, pero si para comer la colación. “Guatita llena, buen desplante escénico”, podríamos decir.  Necesitaban cargar energías y ánimos para el estreno. Mientras algunos comían tranquilamente, otros corrían de un lado al otro por los pasillos que dan a los camarines y unos cuantos no se resistieron en ir a ver quiénes estaban dentro del público. “¡Están todos. Hasta el inspector del colegio!”, avisó Tiare. Además de él estaban sus padres, apoderados, amigos y, cómo no, los representantes de las instituciones que hicieron posible esta versión del programa Pequeñas Audiencias, el Centro Cultural Espacio Matta y Fundación Teatro a Mil.


En círculo y tomados de las manos, el grupo recibió los últimos consejos. “Si se les olvida un texto no importa, sigan y cuéntenlo a su modo”, agregó Francisca. Se acercaron aún más y entonaron todos juntos:”¡mierda, mierda, mierda!”. Con el impulso de esta cábala infaltable , volvieron a subir al escenario para esperar la apretura del telón.



¡Que comience la  función! La música en vivo a cargo de Francisca Traslaviña dio el vamos a la canción inicial, donde todos  cantan en escena. Lo que sigue es una historia conocida de Andersen, pero no lo es el acontecimiento teatral que estos niños acaban de vivir. Miradas cómplices, risas, pero sobre todo aplausos para este grupo que se atrevió a tomar el escenario. Desplazar las reglas, invertir las jerarquías y abrir un espacio de encuentro. Como dijo Ariane Mnouchkine, en una entrevista con Jorge Dubatti, el teatro es “un lugar de encuentro, de comunión, de identidad colectiva. Es el “palacio de las maravillas”, como decía Meyerhold. Allí alimentamos nuestro corazón, nuestro estómago, nuestro cuerpo, todo. Vamos al teatro para tener confianza unos en otros”. No cabe duda que algo así acaba de pasar con estos pequeños grandes actores.

 

Texto: Constanza Yévenes B.
Fotos: Constanza Yévenes B.

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