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2 agosto 2015

Macbeth, señor de la guerra del Congo

El dramaturgo sudafricano Brett Bailey sacude la ópera de Verdi para denunciar el genocidio que desangra África Central y despertar conciencias.

Carlos González (El País Cataluña)

“Una tierra tan rica en dictadores cleptómanos como en catástrofes, tan rica en violadores de los derechos humanos como en hienas, tan rica en jefes de estado mentirosos y sinvergüenzas como en buitres”. Directo al estómago, sin perder el tiempo en dilatantes juegos de piernas. Así es como le gustaba sacudir al escritor marfileño Ahmadou Kourouma (1927-2003): a golpes, secos y directos, buscando siempre la mandíbula de las conciencias occidentales. Y así es como también le gusta moverse sobre el ring al dramaturgo sudafricano Brett Bailey (Ciudad del Cabo, 1967). En su última propuesta escénica, una explosiva actualización de la ópera Macbeth de Verdi que se estrena este viernes en el Festival Temporada Alta de Girona —dos únicas funciones—, no deja de repartir ganchos, swings y croches en el rostro del espectador que contempla, atónito, el genocidio que desangra, desde hace años, África Central.

Situémonos sobre el escenario. Nos encontramos en Goma, la capital del Kivu Norte, en plena República Democrática del Congo. Macbeth es uno de los despiadados señores de la guerra que tiranizan esta provincia secuestrando niños para enrolarlos en ejércitos, traficando con armas y controlando las minas de donde se extrae hasta el último de los minerales. Huyendo de las guerras que asolan el país, un grupo de refugiados encuentran en un teatro abandonado un libreto del Macbeth de Verdi y algunas grabaciones antiguas. Será a través de este material que se darán cuenta de que su periplo vital no difiere del que creó Shakespeare siglos atrás para el noble escocés.

“No me interesaba hacer un Macbeth convencional”, reconoce Bailey quien, pese a su edad, ya ha firmado —2001 y 2007— dos versiones de esta ópera. “Soy artista antes que activista social pero a medida que me voy haciendo mayor crece en mí el compromiso social y político”, confiesa. En su nuevo encuentro con Macbeth, el dramaturgo, que junto a Fabrizio Cassol (Ougrée, 1964) ha jibarizado el libreto hasta los 90 minutos, ha optado por “profundizar en el drama que se vive en el Congo”. Y alerta: “Lo mío no es teatro protesta, que nadie se equivoque. Lo que explica esta ópera es una historia real, en la que ha muerto y sigue muriendo mucha gente”.

El poder, la ambición y la traición son los tres ejes sobre los que se articula el montaje. Preguntado por las brujas que habitan esta tragedia, un minucioso estudio sobre la naturaleza del mal, Bailey lo ha tenido muy claro: “Son las multinacionales, que expropian los recursos naturales de África, que se llevan su oro, coltán, cobre y diamantes”. El dramaturgo sudafricano reconoce haberse centrado en un personaje. “Lady Macbeth [la soprano Nobulumko Mngxekeza] es la protagonista real de la obra, no Macbeth [el barítono Owen Metsileng]”, revela. “Verdi la convirtió en un monstruo, en la encarnación de la necesidad de poder y ambición”, añade.

De la mano de una orquesta de 15 músicos que dirige Premil Petrovic (Belgrado, 1973) y la voz de 12 intérpretes negros, Bailey lleva a escena un genocidio que, en su opinión, todavía permanece olvidado y que sacude desde hace tiempo la región de los grandes lagos de África Central. “Resulta increíble pero muy poca gente en el mundo sabe que aquí, durante los últimos 20 años, han muerto asesinadas más de 5’5 millones de personas”, lamenta. Las razones de este desconocimiento, según él, “es el escaso interés que los medios de comunicación dedican a esta tragedia”. “Focalizan su atención”, justifica, “en la hambruna, la corrupción, el terrorismo y el conflicto. Las buenas intenciones que demuestran canales como la BBC, CNN o Al-Jazeera no son tan poderosas como los prejuicios”. Autor de aclamadas obras iconoclastas que interrogan las dinámicas del mundo poscolonial, Bailey es uno de los grandes de la escena sudafricana y una de las voces más reconocidas y controvertidas en el emergente panorama del continente negro.

Bailey lanza un dardo al apuntar, con nombre y apellidos, los responsables involuntarios de este genocidio. “Todos nosotros somos cómplices de lo que está pasando”, espeta.

Foto: Third World Bunfight.
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