La Máquina del Arte cumple 10 años y se transforma en fundación

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3 octubre 2017

La Máquina del Arte cumple 10 años y se transforma en fundación

Durante una década, la agrupación ha trabajado por la educación no formal de estudiantes secundarios y adultos amantes del teatro. “Necesitamos apoyo para poder apoyar a otros”, dice una de sus fundadoras sobre el nuevo periodo que vive la institución.

Por Karina Mondaca Cea

En 2007, el actor y docente ítalo-argentino, Diego Rozo Dalpozzo, y actriz, directora y docente teatral chilena, Ángela Cabezas; se reunieron para crear un proyecto que buscaba dar solución a las necesidades de personas interesadas en las artes escénicas, pero que no contaba con formación profesional.

Diego Rozo y Ángela Cabezas, fundadores de La Máquina del Arte

Así surgió La Máquina del Arte, una iniciativa que pondría el foco en dos grupos específicos: toda la gente que tuvo las ganas de estudiar teatro cuando salió del colegio, pero por distintas razones no lo hizo; y una especie de preuniversitario para aquellos que desearan entrar a estudiar teatro en la universidad o instituto. “La idea fundamental de La Máquina tiene que ver con formar a aquella gente que está buscando una segunda oportunidad”, explica Ángela, quien explica que para entonces “ya había muy buenos lugares donde podía formarse la gente que venía saliendo del colegio, entonces la idea era abrir un espacio distinto”.

Para una de las fundadoras del proyecto, la clave estuvo en identificar que se trataba de personas con mucho talento y ganas de trabajar. “Muchos de ellos ahora pueden costear cursos ellos solos, porque estudiaron una primera carrera, y se dedican a hacer teatro y se lo toman muy en serio. Y los otros son jóvenes que están en el colegio, o que están saliendo de él, y quieren estudiar teatro. Ahí nosotros somos como un puente en ese ingreso a la universidad, orientándolos en lo que realmente significa el oficio del artista escénico. No sólo que existe la posibilidad de ser actores, sino que hay muchos otros oficios ligados al teatro. Los preparamos en el camino de las pruebas especiales, de acuerdo a la dificultad de la escuela, de la universidad a la que quieran entrar”.

En una década de trabajo, han sido más de 850 los estudiantes que se han hecho parte de este espacio de formación teatral alternativa, ya sea a través de seminarios, talleres o cursos; todas instancias que permiten un real acercamiento al trabajo escénico, de la mano de profesionales jóvenes conectados con el teatro actual. “Queríamos trabajar mucho la idea de los maestros, porque nosotros no tenemos una malla tradicional, sino que está dividida por ramos donde los alumnos trabajan con un profesor, que es a la vez un maestro”, explica Ángela sobre el método de enseñanza. “Maestros en el sentido de que están ejerciendo la profesión, son en su mayoría directores, actores, dramaturgos, que pueden, más que enseñar algo, transmitir una experiencia al otro”.

Este año cumplieron 10 años de trabajo y decidieron dar el paso de convertirse en fundación. ¿Por qué lo hicieron? ¿Qué es lo que implica este cambio para ustedes?

La creación de la fundación va de la mano de una necesidad de apoyar a las compañías jóvenes, porque ése es un poco el vacío que dejan las universidades: los alumnos egresan, pero muchas veces no tienen las herramientas para poder convertirse en una compañía, porque no manejan temas legales, contables, todo lo que tiene que ver con la gestión. Las compañías que llegan acá nos han hecho ver eso, que había una gran falta de apoyo para grupos jóvenes, con gente súper talentosa y con muchas ganas de hacer cosas. Había falta de apoyo, sobretodo en la gestión. Entonces desde ahí empezamos a planificar cómo podíamos ligar la sala con la gente que pasó por acá. De hecho, este año iniciamos una campaña para que egresados de universidades, que hicieron el preuniversitario acá, volvieran a hacer clases.

La Máquina del Arte nunca ha recibido apoyo estatal, nunca lo hemos buscado tampoco, sino que ha sido una misión nuestra el poder demostrarnos que somos capaces de autogestionarnos, de sostener un espacio educativo, formativo y de creación. Pero también somos realistas, necesitamos apoyo para poder apoyar a otros, y pensamos que la fundación es un buen puente, o que nos permite convertirnos en un puente entre los artistas y creadores en general, y el mundo privado. Ése es el gran objetivo de la fundación.

Ángela Cabezas de La Máquina del Arte

Pero también por otro lado, ya que el grupo que trabaja con nosotros (el 90% es integrado por mujeres), nos hemos puesto como objetivo trabajar o realizar actividades de apoyo a cierto programas, por ejemplo, de violencia contra la mujer o de inclusión. Por ejemplo, organizamos un taller inclusivo de teatro para gente no oyente y gente oyente; y eso requiere fondos.

 

¿Cómo evalúan esta primera década y cuáles crees que son los próximos desafíos que tienen como organización?

Por una parte sentimos que hemos podido instalarnos como un espacio en el off de la formación teatral, porque así nos lo han hecho saber otros colegas, profesores, que notan que la gente que ha pasado por la escuela tiene, más allá de temas formativos, técnicos, tienen una mirada del trabajo teatral distinta, y es muy útil porque les permite ver para dónde van cuando se piensan como artistas.

Enfrentando la nueva década, queremos llegar a más gente, pudiendo difundir más nuestras actividades. Hasta ahora hemos estado muy confiados en el boca a boca, a veces son los mismos alumnos los que nos traen nuevos alumnos. Queremos llegar a otros espacios de la ciudad, a personas que todavía no tienen idea que existimos.

Como sala de teatro, queremos seguir trabajando en ese nicho, apoyando las compañías jóvenes, recién egresados, a los que les cuesta conseguir sala porque no tienen carpeta o currículum. Por ahí tenemos un proyecto que esperamos concretar en un plazo de dos o tres años más, que tiene que ver con una propiedad que adquirimos, que está al lado de La Máquina del Arte actual,  y la idea es poder crear un centro más grande, con una sala de teatro más amplia, porque con la que contamos es una sala de cámara, pequeñita, que tiene capacidad para 80 personas. La idea es tener un buen camarín, buen aparataje técnico, que es lo que más adolece nuestra sala.

Espacio para FIBA en Chile

El próximo 6 de octubre, La Máquina del Arte abrirá sus puertas para recibir al director y dramaturgo argentino Ariel Farace, quien realizará una conversación abierta sobre los mecanismos actuales de creación dramatúrgica, como parte de las actividades de LAB Escénico. El artista trasandino estará de paso en Santiago como parte de la programación de FIBA en Chile, donde presentará el montaje que dirige, Constanza muere.

El encuentro se realizará el viernes 6 de octubre, de 19 a 20 horas, en el espacio ubicado en Avenida Rancagua 54, en Providencia. La convocatoria es abierta, previa inscripción aquí, con un cupo máximo 40 personas.

 

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