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16 abril 2015

Del sueño a la realidad: dos chilenos que llegaron al Théâtre du Soleil

En julio próximo, cien personas participarán en la primera Escuela Nómade del Théâtre du Soleil, la cual se realizará en Chile. Pero la relación de la compañía con nuestro país crece cada día desde que dos chilenos se unieron a sus filas. ¿Cómo ha sido vivir y respirar teatro en París? Te lo contamos a continuación.

Por Karina Mondaca

En plena década de los 80, entre grupos de actores, artistas y personas relacionadas al mundo del teatro nacional, corría el mito de una compañía francesa llamada Théâtre du Soleil. Sin acceso rápido a la información, Internet ni mensajería instantánea, los chilenos se fascinaban con las historias sobre una magnífica tropa de artistas, donde todos se abocaban a las innumerables tareas del teatro colectivo.

A sus veintitantos, el actor Agustín Letelier era uno de los que constantemente oía sobre la compañía dirigida por Ariane Mnouchkine. “Nos enterábamos a través de la palabra de compañeros y directores que hablaban de esa compañía al otro lado del mundo. Nos daba esperanzas de un mundo mejor, de teatros posibles, de ensueños lejos de la bota militar que imperaba y de los discursos en blanco y negro que había en el país”.

En 1988, cuando Andrés Pérez y Mauricio Celedón volvieron a Chile y relataron su experiencia en el Soleil, los rumores se volvieron reales para Agustín, pero tuvieron que pasar 11 años para que pudiera concretar su anhelo.

En 2009, la compañía realizó audiciones para un taller que se desarrollaría en su propia fábrica de sueños, la Cartoucherie, una antigua fábrica ubicada a la salida de París, que en 1964 fue transformada por Ariane Mnouchkine para la creación teatral. El objetivo de la audición era crear Los náufragos de La Loca Esperanza, que fue parte del Festival Internacional Santiago a Mil 2012.

“Fui seleccionado entre 2 mil o más personas. Para mí fue un premio, ya que andaba buscando un lugar para aprender. En el Soleil tienen 50 años no sólo de discurso, sino también de práctica al rojo vivo en materia de teatro, un teatro que está hecho de sueños y cargado con la realidad del mundo y de lo cotidiano, todo eso en un espacio que recibe a 12 mil personas cada mes”.

De maestros chasquilla a artistas del Soleil

Andrea Marchant (1)En el lugar se encontró con otra chilena. Andrea Marchant trabajaba en la Cartoucherie luego de haber participado en un taller de la compañía y haberle insistido a la misma Ariane Mnouchkine.

“Me acerqué a Ariane y no sé de dónde saqué la fuerza, pero le dije: ‘Quisiera trabajar con usted’. Ella sonrió dulcemente y me respondió que ‘todos los talleristas quieren lo mismo’. Le pregunté si podía asistir como auditora, pero la respuesta fue negativa por razones de espacio. Como no quería salir de ahí sin un ‘sí’, volví a preguntar: ‘¿puedo venir al teatro a ayudar?’. ‘¡Claro!’, me respondió. Entonces volví el lunes temprano y ayudé en la cocina, y luego martes… ese día vi a Ariane sentada sola frente a su computador y le pregunté si podía entrar a ver el Taller de Audición”.

Con insistencia lo logró. “Comencé a participar como auditora ‘chasquilla’, ayudando en todo lo que fuera necesario para Los náufragos…: fabricar prototipos de cámaras, pintar paneles, preparar la once, coser banderas, saltar al océano del escenario con pinceles, tornillos, luces, sedas. Al cabo de 9 meses de ensayo, la puesta en escena necesitaba a alguien más, y yo estaba ahí. Sin esperarlo, fue mi puerta de entrada a la troupe”, recuerda Andrea, que más adelante integró también el elenco de Macbeth.

agustintin (1)La experiencia de Agustín fue parecida. Luego de participar en el taller con actores, músicos y bailarines, empezó a atender el teléfono de reservas y ayudar con los quehaceres cotidianos, hasta participar en los espectáculos. “Para Ariane, la noción de ‘compañía’ se parece a la de tribu o familia, y por eso existe una ética compartida sobre cosas elementales: todos cobran lo mismo y el elenco definitivo de un espectáculo se decide después de que los actores hayan ensayado para varios roles. Es una de las últimas compañías en Europa que funciona como tal”.

En sus talleres, Agustín y Andrea conocieron las bases del Soleil, compañía cosmopolita que inventa nuevos modos de funcionamiento y privilegia el trabajo colectivo. “El objetivo siempre ha sido establecer nuevas relaciones con el público y distinguirse del teatro burgués haciendo teatro popular de calidad, que indague en la capacidad del teatro para representar la época actual”, explica el actor. Y agrega: “En la creación de Los náufragos… fui un observador privilegiado de los ensayos, del poder de Ariane al dirigir con toda su experiencia, fuerza y humanidad, con todas sus contradicciones, entregada por completo a su extraordinario teatro épico que se renueva con cada creación”.

“Ariane es como un jardinero”, reflexiona Andrea. “Tiene la capacidad de ver la semilla e imaginar la planta que podría germinar de ella, sabe cómo cuidar y mantener su jardín y cada especie que ahí se encuentra. Podría ser también como un relojero, dándole un valor milimétrico a cada pieza para hacer funcionar su reloj, o como un científico, que sin saber a qué resultado llegará se toma el tiempo para investigar y experimentar varias fórmulas. Ella es una casa sin rejas y un país sin fronteras. Así es en la compañía, y así es en el escenario”.

¿Con qué se podrían encontrar los integrantes de su primera Escuela Nómade? Agustín y Andrea comparten sus palabras claves: amor, mucha paciencia, confianza, exigencia, perfección, intuición.  “Estar abiertos a la experiencia, a sorprenderse, a jugar como niños. Antes de todo, el teatro es juego, y también es un lugar de respeto sin igual, consigo mismo y con los demás. El teatro es el lugar de todos los posibles”, opina Agustín.

Andrea agrega: “Deben esperar que este trabajo enriquezca sus vidas de artistas y, como dice Ariane, esperar a vivir un momento de ‘teatro’, aunque sea por unos segundos. Un momento de ‘teatro’ sería, como ella lo define, cuando el actor consigue el equilibrio entre la verdad y la poesía”.

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