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16 mayo 2017

Artistas chilenos reviven a los selk’nam en el Watermill Center de Nueva York

La actriz Josefina Dagorret y el pintor Sebastián Escalona desarrollarán una residencia durante todo el mes de mayo en el recinto artístico creado por Robert Wilson. Allá crearán Rito Extinto, un proyecto que mezcla la fotografía, las artes visuales, el diseño y la performance.

Por Karina Mondaca Cea

Sebastián Escalona y Josefina Dagorret se conocían desde hace tiempo cuando tomaron la decisión de crear juntos un proyecto único que uniera sus disciplinas. Él pintor, ella actriz, habían incursionado en las áreas del otro –Sebastián es director de arte en la compañía teatral La Niña Horrible–, lo que terminó por convencerlos de la necesidad de borrar los límites de las diferentes áreas y tomar un camino donde la dirección teatral no estuviera divorciada de la puesta en escena; sino que formaran parte de la misma cosa.

Juntos trabajaron en La pieza (2012), un montaje escrito por Gerardo Oettinger, donde se acercaron y se dieron cuenta que ambos artistas tenían “un feeling”, algo en común. “Yo soy pintor y sentía una frustración muy grande respecto a la academia, o a las líneas creativas, porque son súper precarias. Como que si uno es pintor, te tienes que morir pintor”, cuenta Sebastián, “pero yo tenía la inquietud de pololear con otras disciplinas, y por eso siempre realicé una búsqueda; entendiendo que otras líneas creativas también estaban agotadas: el teatro muy cansado, las artes visuales muy cansadas. Así que finalmente ganó la necesida d de fundar una poética propia, que es lo que queremos que defina un artista”. “En conjunto nos hemos ido fusionando y tratando de mezclar estas artes, no saturándolas individualmente; sino que creando una nueva cosa a partir de esta fusión”, agrega su compañera Josefina.

Josefina y Sebastián

Así iniciaron un recorrido en el que iban dialogando con los elementos de cada área, sus propias preguntas e intereses. Hasta que luego de conversar sobre investigaciones que cada uno tenía por su cuenta, como también algunas que llevaban en conjunto y que estaban en curso; nació la idea de reconectar el pasado del rito, con lo contemporáneo. “La idea es llevar la performance, de un lenguaje más vanguardista, a prácticas que también son esenciales y primarias, como el ritual; e investigar cuáles son los vínculos que existen entre lo uno y lo otro”, explica Sebastián.

Ése fue el punto de partida para el dúo creativo, hasta que la investigación los llevó a los selk’nam. Los rituales, el arte, los trajes e incluso la poética de este pueblo originario chileno, sirvieron como primer paso para un trabajo que aparecía como una posibilidad de crear un vínculo de temporalidad entre su universo y la actualidad.

Pero además, de a poco empezaron a aparecer diferentes elementos que tornaron más interesante y obligatoria la investigación. “Hay cosas súper interesantes en la cultura selk’nam, que a nosotros nos sorprendió”, confiesa Sebastián. “Es una cultura extinta, exterminada. Fueron parte de un genocidio que nos parece súper importante rescatar artísticamente, porque es un genocidio que no ha sido reconocido por el Estado chileno. Entonces hay deudas políticas que tienen vigencia y estamos ad portas de cumplir 100 años. Era un fantasma dormido tratando de hacer ruido, y además la cosmogonía de los espíritus nos parecía inquietante, y estaba ahí, potencialmente congelados para despertar esa voz”.

A medida que se fueron internando cada vez más en el tema, Sebastián y Josefina se encontraron con un momento histórico que sustentaría el resto de su trabajo artístico y que uniría algo que nunca hubiesen imaginado: los selk’nam con el movimiento artístico de la Bauhaus.

Así lo explica Sebastián: “En 1924, un grupo de selk’nam viajó a Europa. Algunos para Londres, otros a Berlín, y justo en esos años era el boom de la Bauhaus. En el contexto de las ferias itinerantes –el proceso embrionario del museo–, donde existía un intercambio cultural al que llegaban esclavos, materias primas, nuevas imágenes; estaban los selk’nam como un producto de expectación, de particularidades, denominados como los hombres foca, como un zoológico humano. Nuestra teoría es que llegan los aristócratas intelectuales, y ven a los selk’nam y se encuentran con una fuente de inspiración potente. Dentro de todas las precariedades del material, había una elaboración muy compleja de los vestuarios, prácticas y sonoridades, formas de hablar que eran muy sugerentes. Entonces de alguna manera, nos pareció que la huella selk’nam debería haber generado un rastro, algo que podríamos codificar en una escena del arte. Siempre el exotismo ha sido un importante estímulo para un artista”.

Selk’nam vs Bauhaus (c) Instagram Rito Extinto

Josefina y su compañero decidieron poner ojo en el área más escénica de la Bauhaus, específicamente en la elaboración de vestuario. “Hicimos comparaciones entre los trajes selk’nam y los del ballet triádico de la Bauhaus, y llegamos a semejanzas muy cercanas, incluso a la mímesis, porque hay trajes idénticos”. El descubrimiento confirmó la idea del dúo creativo y partir de eso, crearon una tesis: “Hubo un espacio temporal que conectó la prehistoria de Tierra del Fuego, con la Revolución Industrial europea, a través de los selk’nam que influenciaron a la Bauhaus. Es como un viaje en el tiempo. Eso es un punto creativo que es como para tirarse a una piscina de información”.

De Tierra del Fuego a la ciudad que nunca duerme

Con todo el material y la motivación de indagar en el espacio contemporáneo y en cómo, un ser humano y primitivo, llega a fusionarse con un paisaje moderno; es que la pareja de artistas decidió postular a una residencia para poder concentrarse en la creación de Rito Extinto, un proyecto que combinaría fotografía, pintura, diseño y performance.

Para Sebastián, esta forma de desarrollar su proceso creativo era la única posible, tomando en cuenta la realidad de los artistas. “Las formas de crear están súper estandarizadas, y esa forma de pensar el arte ya define su resultado. Múltiples lenguajes modelan la forma de producción, y por eso la residencia comienza a erigirse como un espacio necesario, bajo la decadencia de la academia, y la emergencia de la identidad creativa. Entender que el arte es una forma de pensar las cosas. El tema ya no es ser pintor o director, es crear formas de pensamiento. Tomando en cuenta eso, la tecnología, la performance, la antropología, los documentos, el cine; todos son una cosa”.

La pregunta entonces fue, ¿dónde podrían desarrollar su método? ¿Qué espacio aportaría a la creación de Rito Extinto? Sin esperarlo, apareció la postulación al Watermill Center, un recinto que apoya el desarrollo de arte experimental de creadores de todo el mundo. “Watermill calzaba perfecto con nuestro proyecto”, confiesa Josefina. “Yo hice una residencia durante el verano y me encantó toda su onda de abrir sus puertas a artistas, acogerlos y darles feedback para que puedan desarrollar sus proyectos. Además que ellos cuentan con una biblioteca con material precolombino, pero también están muy conectados con el arte contemporáneo. Y eso tiene que ver con nuestro trabajo, que es el rescate de esta cultura o de los ritos de la cultura selk’nam”.

“Pero además”, agrega Sebastián, “el Watermill combina un espacio arquitectónico súper elaborado, moderno, futurista; con otro espacio que está contenido y que es un bosque. Esa dualidad nos interesaba. Nos interesaba la arquitectura como paisaje, y la naturaleza como paisaje, generando un puente entre el paisaje moderno y el primitivo”.

Ahora, durante todo el mes de mayo, ambos artistas realizarán una residencia en el recinto ubicado en Southampton, Long Island, la que cuenta con el apoyo de Fundación Teatro a Mil.

Rito Extinto (c) Sebastián Escalona

Este proyecto combina distintas disciplinas artísticas, pero, ¿en qué consiste o qué etapas lo componen?

Josefina: Primero sacamos fotografías conmigo frente a la cámara, luego viene la intervención fotográfica y la construcción de uno o alguno de los vestuarios con el que vamos a intervenir la foto, primero como dibujos y luego construirlos. Finalmente haremos una performance con estos vestuarios. Lo que queremos ver es qué pasa con la mezcla de este cuerpo desnudo y con el vestuario, dentro de un paisaje natural y dentro de un paisaje urbano.

Lo bonito de cada etapa es que cada una es una obra de tarde en sí misma. La fotografía con cuerpo desnudo, que la vamos a imprimir, ya es un material de exposición. Luego intervenida con dibujo y pintura encima, es otro material de exposición y después, el vestuario lo mismo; y la performance, igual. Es bonito que el proceso mismo se podría develar en una exposición, pero también cada uno por separado.

Van a estar durante todo el mes de mayo en Watermill. ¿Qué es lo que van a hacer allá concretamente? ¿Con qué esperan avanzar?

Josefina: Todas las etapas que mencioné anteriormente y también crear la performance con la que queremos terminar la residencia y que le mostraremos a la comunidad. Nos parece bonito que la gente que vaya a vernos, también pueda ver el proceso de creación, porque normalmente el público sólo ve el resultado.

También vamos a tener un trabajo con una comunidad, y decidimos hacerlo con una tribu que está cerca del Watermill, que son los shinnecock. El trabajo va a tener que ver con lo que hacemos conmigo en las fotos, solo que ahora lo queremos expandir a un gran grupo de personas. De seguro es una tribu que debe tener una gran información y una cultura muy rica que nosotros podamos rescatar, absorber y retroalimentar en esta experimentación artística.

Rito Extinto (c) Sebastián Escalona

De todas formas, la idea tampoco es que esa idea termine en el Watermill, sino que sea sólo un inicio. Después tenemos otra residencia, por otro proyecto, en Berlín, y creemos que también nos vamos a llevar esto. A veces pensamos que esto incluso da para un montaje teatral, porque el material es muy rico y lo podemos explotar mucho más.

Sebastián: Queremos posicionar todas las capas del proyecto. Por ejemplo, vamos a donar un libro al Watermill Center y para eso tenemos preparada una pseudo-ceremonia ritual, donde la cultura selknam se ponga en el ojo de la performance mundial como un precedente, como una investigación. Para nosotros, eso ya es súper significativo. Eso ya va a generar una instancia de interacción con la gente del Watermill Center, su comunidad, en términos de estudio.

También esperamos que el público conozca y aprenda de la procedencia de nuestro trabajo, de que efectivamente, la performance que vamos a reversionar tiene un origen. Que la cultura, una cosmogonía, sirva como un precedente de investigación en la contemporaneidad; y no remitirlo al episodio historicista, sino que despertarlo, darle vitalidad, revivirlo y darle un lugar, porque hay deudas vigentes en todo sentido. Y seguramente es un paradigma que se representa en todas las sociedades.

Al volver a Chile también van a compartir la investigación con el público, ¿no?

Sebastián: Lo que queremos hacer en Chile, es potenciar un área investigativa, a través de charlas dar a conocer nuestra investigación, porque tiene una producción de material infinito. Para nosotros, el arte, a través del documento, tiene una vida diferente a la de la objetualidad y nos permite otra forma de mirar el arte. Por ejemplo, millones de artistas estudian arte, y lo hacen sin conocerlo y lo hacen a través de un documento histórico.

Nosotros somos conscientes que el documento puede ser más valioso que una obra, porque tiene un alcance y una universalidad que nos interesa mucho. Tenemos una metodología de documentación, que nos va a permitir dar a conocer nuestra investigación y también poder encarnar ese discurso artísticamente en la obra, y que se expanda. Que los espacios de exhibición puedan ser los museos, los teatros, una sala de clase. Tiene esa flexibilidad y eso es lo que más nos interesa: los espacios de hibridez, porque el espacio común es el enemigo de los artistas. No sabemos a dónde vamos a llegar, y creo que ése es un buen síntoma de nuestro trabajo.

Crédito foto superior: gentileza de Sebastián Escalona

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